La memoria es el mejor ordenador que se ha podido inventar. Pese a que, lamentablemente, pueda dejar de funcionar y dejemos de recordar, es indudable que su capacidad es inigualable. 

Durante nuestra vida estamos en constante contacto con estímulos que se guardan en la memoria, siendo reconocibles muchas veces de forma automática. Podemos recordar e identificar sin ni siquiera saber su nombre, ubicación o momento. 

Pongamos la situación de estar en un viaje. Pasear por rincones desconocidos y apasionantes, buscando esa adrenalina que produce estar caminando por lugares llenos de historias, vivencias y conocimiento. Imagina estar disfrutando de este desconocimiento apasionante y, de repente, encontrarnos con ella. La conoces. Sabemos su nombre y hasta hayas leído algo sobre ella durante tu vida. La has visto en películas, libros o documentales. Sí; la has reconocido. Es la fachada más famosa. 

La giralda

Paseas por Sevilla y desde algún punto de la ciudad, puedes ver su imponente altura. Admirada por todos los sevillanos y reconocida por todos y cada uno e los turistas que pasean por las calles de esta bella ciudad. 

Situada en el centro histórico de la ciudad de Sevilla, junto a la catedral, se encuentra la giralda. Se trata de una torre campanario, correspondiendo la parte inferior de la torre al alminar de la antigua mezquita de la ciudad de finales del siglo XII, encontrándonos en la época almohade. 

Con una altura de 94,69 m metros de altura, tiene como cúspide al Giraldillo, una estatua de bronce que simboliza el triunfo de la fe. Declarada Monumento  Nacional en 1928, se encuentra entre los monumentos declarados Patrimonio de la Humanidad. 

La Pedrera

Allí dónde los burgueses de 1900 deseaban edificar sus casas. Allí, ni más ni menos se encuentra la Pedrera, en el Paseo de Gracia de Barcelona. 

Propiedad de la familia Milà, le encargan a Antoni Gaudí en 1905 la edificación de un terreno con el deseo de ocupar la vivienda principal y alquilar el resto de las estancias. 

Declarada Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1984, fue restaurada y abierta al público como centro cultural el 1996. 

Es conocida como la Pedrera “Casa Milà”. Cuenta con centenares de visitantes cada año, siendo un atractivo propio de la ciudad e inmensamente reconocible por los millones de turistas que visitan la hermosa ciudad de Barcelona. 

Notre Dame

Imponente, majestuosa y rodeada por las aguas del río Sena. De estilo gótico, la catedral católica situada en la capital de Francia, no deja indiferente a nadie. 

Su edificación comenzó en el año 1163 y pudo resistir los avatares del tiempo, del clima y de las guerras que se sucedieron a lo largo de los siglos en la ciudad de París. Lugar de consagración de Napoleón, es conocida en la cultura popular por su importancia en la arquitectura gótica y por ser el icono de una de las películas más famosas de Disney “El Jorobado de Notre Dame”

La reconoces, ¿verdad?. Lamentablemente, ha sido portada recientemente debido a un desafortunado y doloroso incendio producido en 2019. 

Museo del Louvre

Museo nacional de Francia, cuenta con millones de visitantes cada año. Su apertura en 1793, supuso el traspaso de colecciones privadas a galerías de propiedad pública, proporcionando al pueblo la posibilidad de disfrutar de ellas. 

Uno de los museos de referencia mundial, alberga obras del calibre de la Mona Lisa o el Código de Hammurabi.  

Petra

Enclave arqueológico situado en Jordania. Petra, situada en un valle angosto, al este del valle de Aravá que se extiende desde el mar muerto hasta el Golfo de aqaba. En ella se encuentra el Tesoro de Petra, una construcción datada posiblemente en el siglo I a.C. No se sabe a ciencia cierta su función u origen, ya que debido a saqueos previos a su descubrimiento, se diluyen las posibilidades de saber su utilización, creyéndose que se puede tratar de un templo o de una tumba real. 

Se trata de uno de los monumentos más imponentes encontrados hasta la fecha ya sea por su increíble proporción como por el lugar en el que se encuentra, haciendo imposible entender la forma en la que, una vez más, en la antigüedad, se realizaban estas increíbles obras arquitectónicas. 

La importancia de las fachadas radica en la peculiaridad de lo que albergan o lo que muestran. Como todo, el interior puede ser incluso más bello, imponente o importante, pero la fachada es su carta de presentación. 

Tanto las obras de restauración como el esmero con el que se construyeron en tiempos pasados, permite que a día de hoy podamos seguir disfrutando de ellas; en la distancia o cara a cara, pero sabiendo que en alguna parte del mundo, habrá algo que haga nacer en cada uno de sus visitantes, la ilusión por encontrarse con ellas. 

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