Empezamos la semana, cumpliendo un año. Una de las peores experiencias vividas por la población española desde hace décadas.

Este artículo no va dirigido hacia ningún fin en concreto. Es más; podría ser una reflexión a nuestro yo del pasado. A nuestro yo del presente. Y del futuro.

Hace un año, todo lo que entendíamos por normalidad, terminó siendo todo lo contrario. La libertad y la salud se vieron deterioradas y coartadas por motivos urgentes. Nos quedamos en casa. De un momento a otro, allí dónde estábamos en el momento del Estado de alarma, se convirtió en el único sitio seguro entre tanta incertidumbre. El miedo corría por las calles vacías de nuestras ciudades. Un virus había tomado el control del tiempo. Y es que, quedarnos en casa nunca fue tan importante. ¿Cuántos de nosotros deseábamos en la “antigua normalidad” tener un día entero sin hacer nada? ¿Lo llegasteis a pensar? Parecía que el destino nos quería dar un golpe de realidad; nos gusta demasiado vivir.

Y es que, entramos con frío y salimos con sol. Nos perdimos el florecer de las calles, las cuales aprovecharon que no estábamos en ellas, para descansar de tanto ajetreo. Quizás fueron los únicos que agradecieron esa situación. Limpiamos el aire de la ciudad. Menos basura. Menos ruidos. Pero nosotros, en casa, siendo responsables, pero acumulando mochilas de ansiedad.

Y con esto, no quiero decir que la libertad era salir de casa. Miles de personas, debían salir a trabajar para seguir manteniéndonos vivos, de una manera u otra. Ellos y ellas, los que salían por la puerta con el miedo de no volver de la misma manera. De llevar o traerlo. De tenerlo sin saberlo. A todas esas personas; gracias.

¿En qué se convirtió vuestro hogar? Algunos hablan de una cárcel. Otros de templo de seguridad. Algunos valoraron más sus virtudes y le sacaron partido a la vez que otros, aprovecharon para cambiar lo que por “pereza” seguía por arreglar. Fue gimnasio, cine, restaurante y despacho.

La pandemia se ha llevado muchas cosas. Puestos de trabajo, viajes, reuniones, reencuentros. Fiestas, aniversarios, despedidas… muchas vidas. Ha consumido días de nuestro 2020 que, no volverán. ¿Pero sabéis qué? La vida continúa. Hace un año, nadie se imaginaba poder salir a comer, caminar o jugar. Una campaña de vacunación. Volver a ver a nuestros abuelos. Un poco de luz en todo esto.

La mascarilla, la distancia, los grupos cerrados, los allegados, las restricciones, toque de queda… estamos conviviendo con circunstancias y prohibiciones que nadie podía llegar a imaginar. Pese a eso, tú que estás leyendo esto; hace un año el miedo podía con nosotros. Hoy, un poco más valientes y experimentados, estamos sacando pecho día a día. Porque como sociedad; saldremos heridos, pero más fuertes.

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Damos las gracias infinitas a todos los que arriesgaron su vida cuando todos teníamos pánico. A los que se quedaron en casa. Los que ayudaron con generosidad a los que más lo necesitaban. Gracias por tanto esfuerzo.

Saldremos de esta. Volveremos.

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