Parecía que no, pero el frío ha llegado.

Y con ello, el cambio de armario, las mantas ocupando el sofá y esa sensación de manos frías constantes.

Hoy hablaremos de un inquilino que llega sin avisar por estas fechas. Es molesto, huele “raro” y nos impide disfrutar de la comodidad que estamos buscando dentro de nuestro hogar. Se llama humedad.

Con la llegada de esta nueva sensación térmica y dejando atrás los días calurosos, se acentúa este fenómeno que ataca a infinidad de hogares. Algunos con más probabilidades que otros puesto que, factores como el clima de la ciudad en la que habites o tu cercanía a la naturaleza pueden acentuarlo.

Por poner un ejemplo, en Sevilla, los barrios más cercanos al Guadalquivir sufren constantemente la aparición de humedades ya que, el propio suelo, es húmedo o, incluso, va cargado de agua. Zonas como el Arenal o la Alameda son una de las tantas zonas que conviven con la presencia del río dentro de sus hogares.

HU

Tenerlas es más que una pared descorchada o unas manchas dentro del armario. Es algo así como un enemigo invisible diario, que duerme, come y sueña contigo. O dicho de otro modo; un inquilino más en la casa. 

Hongos, mohos y ácaros. Estos son los primero habitantes cuando se dan las condiciones de humedad. 

Pongámonos en situación; una casa con humedad es una casa enferma. Un edificio enfermo es débil y con una esperanza de vida de dudosa calidad. Por añadirle más inconvenientes a este habitante: puede debilitar las estructuras y perder así su capacidad de carga. 

La situación es la siguiente: la humedad está de forma visible e invisible. Es decir, la vemos claramente pero detrás de ella se esconden más problemas. 

Atendiendo a la Guia de la OMS sobre calidad de aire interior: Humedad y moho, ponemos sobre la mesa un problema que va más allá de lo meramente estético o estructural. Nuestra salud. 

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La salud es primordial y eso, en tiempos de pandemia, está más que comprobado. Mantener una salud de hierro es una tarea diaria, teniendo y contando con las precauciones necesarias y no exponiéndonos a determinadas temperaturas o situaciones sin las precauciones adecuadas. En este caso, el peligro puede residir en casa. 

 La guía mencionada  trata los siguientes puntos:

  • La humedad en los edificios y su efecto sobre la exposición a los contaminantes biológicos y no biológicos
  • Control de humedad y ventilación.
  • Efectos sobre la salud asociados con la humedad y el moho
  • Evaluación de riesgos para la salud humana y directrices

La figura de agentes biológicos en espacios interiores está condicionada y ayudada por la humedad y una mala ventilación. El exceso de ésta primera fomenta el crecimiento de moho, hongos y bacterias, las cuales crecen en interiores y es expanden por el aire de forma volátil. Además, la propia degradación que es sufrida por lo materiales, contribuye a una contaminación del aire. 

En cuanto a la mala ventilación, un problema bastante usual es el uso de éstos de forma continuada sin permitir que todo ese vapor generado pueda escapar y renovar el aire. Es cierto que en temperaturas frías, es complicado y en ciertos sentidos, peligroso, tener las ventanas abiertas todo el día. Se trata de permitir, durante un tiempo prudente, que se de un cambio y se renueve el aire que respiramos. 

Existe evidencia epidemiológica suficiente para afirmar que los habitantes de edificios enfermos están en riesgo de desarrollar síntomas como tos o silbido al respirar, además de infecciones respiratorias, asma, disnea, bronquitis y rinitis, siendo los ancianos y los niños los más perjudicados.

DAD

Sin dejar de lado el gasto de energético que esto supone para las familias. Nunca se llega a sentir la sensación de una temperatura equilibrada ya que convivimos con un agente encargado de conseguir el efecto contrario. Esto, unida a la mala ventilación, consigue que gastemos más tiempo y dinero en algo que debemos atajar desde el núcleo. 

Para ello es primordial un buen estudio de las condiciones del inmueble, así como prevenir mejor que curar. Realizar un estudio detallado, pedir presupuesto sin compromiso ya que no todos los edificios son iguales ni sus necesidades tampoco. 

HUMEDAD

Y como es mejor prevenir que curar, aquí te dejamos algunos consejos:

  • Buena ventilación
  • Uso de extractores, tapar las ollas cuando las estemos usando o cocinar al vapor.
  • Mantener una temperatura óptima y constante para reducir los niveles de humedad.
  • Tener la ropa en espacios abiertos y ventilados
  • Aislamiento térmico con un impacto mínimo en la vivienda.

Consulta sin compromiso del precio que debes gastar en un aislamiento eficiente el cual traerá beneficios al instante y te ayudará a prevenir dolores de cabeza futuros. Y si ya estás inmerso en el problema: busca ayuda en profesionales para acabar con el inquilino y empezar de cero. 

Categorías: Información

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