En tiempos de pandemia, todo lo que entendíamos por conocido; ha cambiado.

Nuestra forma de comprender el ocio, la manera en la que queremos disfrutar del tiempo. Para muchos, el confinamiento supuso otorgarle un valor adicional a su vivienda. Horas delante del ordenador en las que nuestro “kit-kat” laboral se da en los mismos metros cuadrados. Se ha fusionado. Derretido. Ha formado la identidad de hogar como núcleo central de nuestro día a día.

Y no podemos olvidar, los pensamientos que nacieron cuando nuestra libertad se vio limitada. “El próximo piso, tendrá balcón”, “el último mes que convivo con estos ruidos”, “que frío hace en esta casa”, “me cambiaré de barrio”, “necesitamos una cocina nueva”, “esta será la habitación del deporte”.

Y esta idea no se basa sólo en un hipotético posible nuevo confinamiento. Ojalá no lleguemos a eso. Solo que, en ese tiempo, analizamos al detalle el lugar dónde realmente confiamos nuestra comodidad.

Una vida ajetreada, llena de horarios, no dejaba apreciar lo que consideramos bienestar entre cuatro paredes.

Cambio de prioridades

Estas ideas, llevaron a muchos a tener en cuenta zonas más alejadas de núcleos urbanos. Para otros, el impulso para reacondicionar su vivienda. ¿Y qué pasa con los que viven de alquiler? Lo mismo.

El impacto de la situación en el mercado del alquiler también es una realidad. En grandes ciudades, dónde el precio del alquiler era sorprendentemente elevado, se ha visto rebajado. Los inquilinos ahora buscan un hogar bien acondicionado. No solo un techo dónde dormir. Esto ha propiciado conversaciones entre inquilinos y caseros. Cumplir con las respectivas obligaciones y, tener en cuenta los derechos de cada uno, nacidos del propio contrato de alquiler, se ha hecho cada vez más visible.

¿Sabemos nuestros derechos y obligaciones? ¿Hasta qué límite podemos reclamar una reparación? ¿Reparación o mejora? ¿Cumple las condiciones de habitabilidad?

Atendiendo a esto último, y sin entrar en explicaciones tediosas, el certificado de habitabilidad es un acto administrativo técnico donde la misma acredita que esa vivienda cumple con las condiciones mínimas para ser habitada. Por tanto, resulta apta para la residencia humana. Otorgada por el ayuntamiento y realizada por un ingeniero, cumple unos plazos de duración dependiendo de la Comunidad Autónoma y de la ubicación del inmueble.

Para otorgarla, se tienen en cuenta aspectos como:

  • La habitabilidad de las dependencias y las superficies mínimas.
  • La salubridad e higiene tanto en la iluminación y en la ventilación. Se tienen en cuenta los materiales de suelos, paredes y viviendas.
  • Las instalaciones de fontanería, desagües, electricidad y telecomunicaciones

¿Qué nos incita a quedarnos en nuestro piso?

Cuando iniciamos el contrato de arrendamiento, incluso antes de decidirnos, analizamos de manera superficial las condiciones del mismo. El problema se da cuando con el uso, descubrimos “problemas” o carencias del inmueble.

Debemos tener en cuenta, aspectos jurídicos que amparan esta situación. Y eso, atiende tanto a la parte del arrendador como del arrendatario

El art21 LAU nos cita que, “Es el arrendador el obligado a llevar a cabo las obras de reparación necesarias en el inmueble para mantener la habitabilidad” y que . “El arrendador está obligado a realizar, sin derecho a elevar por ello la renta, todas las reparaciones que sean necesarias para conservar la vivienda en las condiciones de habitabilidad para servir al uso convenido, salvo cuando el deterioro de cuya reparación se trate sea imputable al arrendatario [..]”

Las pautas a seguir para abordar esta situación son:

  • Una comunicación previa del arrendatario al arrendador. Acotar el problema, la necesidad de actuación y el alcance de la misma.
  • Debe versar sobre reparaciones imprescindibles para la habitabilidad del inmueble
  • No debe ser consecuencia de una acción dañosa del arrendatario ni tratarse de una reparación motivada por el uso del inmueble.
  • En muchas ocasiones, la posibilidad de iniciar obras, provoca una disminución de la posibilidad de uso de ciertas partes del inmueble. Incluso, un estrés común provocado por la situación.

Negativas constantes

Se dan situaciones en las que la comunicación con el casero se hace complicada o totalmente inexistente. Debemos atenernos a lo citado anteriormente, en las obligaciones de las partes nacidas por la creación del contrato. 

Pero hay casos, en los que, las exigencias se basan en situaciones de mejora real y efectiva para la vida útil del inmueble. Independientemente de las reparaciones necesarias o de las reparaciones mínimas fruto del uso y disfrute del inmueble durante el tiempo de duración del contrato.

El ruido, el frío, la incalculable y descontrolada factura de la luz…son elementos que muchos tienen en cuenta a la hora de decidir quedarse o cambiar de piso. Barajamos varias alternativas. Una de ellas; el aislamiento.

Decidirse por un Aislamiento en la vivienda, no sólo beneficia a los inquilinos. Proporciona una revalorización del inmueble. Reduce el consumo. Renueva el estado de ésta, favoreciendo su habitabilidad durante mucho más tiempo.

Con un aislamiento correcto, liderado por un equipo de expertos los cuales procurarán un trabajo rápido, sin obras, limpio y cuidadoso favorecerán tratos positivos en la relación entre inquilinos y caseros. En la actualidad, el cambio constante de inquilinos repercute en varios aspectos a los arrendadores. Podríamos citar:

  • Mudanzas que pueden provocar desperfectos en paredes y suelos.
  • Incertidumbre en cuanto a quién y cómo van a cuidar el inmueble
  • La vulnerabilidad de la economía puede provocar que, muchos pisos permanezcan vacíos por más tiempo. Cuidar a los inquilinos puede resultar crucial.
  • Aquellos que tengan la intención de cambiar de piso, valorarán más ciertas comodidades y si éstas no se dan, obvien la idea de cambiar de vivienda.

Cuidar a los que cuidan podría ser la máxima de esta relación. Infinidad de veces, las relaciones contractuales se rompen por negativas de las partes a peticiones que, realmente, son beneficiosas para ambos. La importancia de mantener relaciones longevas en lo que respecta a los contratos de alquiler, dan tranquilidad a los implicados. Saber que, los problemas de uno son escuchados por el otro. En tiempos de pandemia, como hemos dicho, mantener a los inquilinos resulta tranquilizador. Valorar las diferentes opciones que nos ofrece el mercado, buscar empresas especializadas en aislar, con presupuestos claros y reales, facilitando esta obra sin malestares a ninguna de las partes.

En Aislahogar, proporcionamos todos los medios necesarios para que este cambio positivo para el hogar, se efectúe sin perjuicios. Pide presupuesto. Gana en bienestar. Proporciona tranquilidad a tus inquilinos. Revaloriza tu inmueble. Rebaja el impacto medioambiental.

Cuida aquello que quieres. Tu hogar.

Categorías: Información

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