Hablemos de decoración, superstición y luminosidad. Todo ello, siendo el reflejo mas fiel a la realidad, teniendo varios tamaños, formas y figuras. En la entrada, en el baño e incluso para el bolso. Todos lo tenemos, todos los buscamos. Sí; queremos un espejo.

Una superficie pulida en la que, después de incidir, la luz se refleja siguiendo las leyes de la reflexión. 

“Un espejo es un objeto que refleja la luz de tal manera que, para la luz incidente en algún rango de longitudes de onda, la luz reflejada conserva muchas o la mayoría de las características físicas detalladas de la luz original, llamada reflexión especular”

Un poco de historia

El espejo, tal y como lo conocemos hoy, no es algo tan lejano. Mas bien, se trata de 1835 en Alemania, gracias a un químico alemán llamado Justus Von Liebig, el cual desarrolló un proceso que consistía en aplicar una fina capa de plata metálica a un panel de vidrio transparente. Esta técnica, fue adaptándose y mejorándose para así conseguir la producción masiva de espejos.

Pero no pensemos que hasta la fecha, las civilizaciones habían carecido de elementos similares. Es más, debemos remontarnos a la actual Turquía, unos 8000 años, para comprobar que ya se habían fabricado los primeros espejos a partir del uso de tierra y obsidiana, una roca volcánica vítrea rica en sílice. Civilizaciones como la mesopotámica y la egipcia ya contaban con objetos catalogados como espejos para la época hechos de cobre pulido, al igual que los griegos y romanos. América del sur y central, hicieron uso de la piedra pulida y los chinos e indios del bronce. 

Durante la alta Edad Media, apenas se hizo uso del espejo, hasta que en el siglo XIII se inventó la fabricación de los de vidrio y de cristal de roca sobre lámina metálica. Su uso como elemento decorativo comenzó en el siglo XVI, adornando el elemento en cuestión con marcos elegantes para así ocupar algún espacio distinguido y destacable de la estancia. 

La curiosidad del ser

Nos salta una idea a la cabeza… ¿de dónde viene esa curiosidad? Puede que proceda de la misma inquietud que le habrá provocado al ser humano verse reflejado en el agua, por ejemplo. Conseguir su reflejo en materiales y llevar esta idea hasta tal punto que, cada civilización ha ido variando materiales y técnicas para conseguir la misma idea: ver su propio reflejo.

Actualmente, estamos rodeados de este elemento decorativo. Nos encantan y lo sabes. Y además de darnos la posibilidad de ver nuestro reflejo diariamente, tiene otras ventajas. Te las contamos.

Aportan luminosidad

Para espacios limitados de luz, hacer uso de espejos crea el efecto óptico perfecto para que parezca que existe más luz de la que hay. Idea para espacios pequeños, con luz artificial o pequeñas ventanas. 

Amplían el espacio

Es real que una sala con espejos para el doble de grande. Aportan profundidad a las paredes, reflejando la luz y creando la sensación de más abertura visual. 

Queda bien siempre

Nunca molestan. Y si lo hacen, podemos colgarlos ya que la inmensa mayoría cuentan con enganches en la parte trasera. También podemos hacer uso de cintas adhesivas de doble cara si el espejo es pequeño y así evitar hacer agujeros. Actualmente en el mercado disponemos de una amplia variedad de pegamentos y utensilios aptos para todo tipo de superficies y necesidades.

Un excelente complemento

Unido a lo anterior, los espejos ayudan a que una pared lisa, por ejemplo, se convierta en un espacio relajante, luminoso y fresco. Se complementa genial con otros elemento decorativos como marcos de fotos o plantas, creando espacios agradables. 

Optimiza los espacios, visualiza cambios con elementos sencillos y ¡juega con la imaginación!

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