La conservación-restauración se ocupa, de intervenir directamente sobre los objetos. Se trata de aplicar los tratamientos y conocimientos necesarios para permitir la pervivencia de los bienes culturales, y subsanar los daños que estos presenten.

La especialización de estos sujetos es la base de la perpetuación en el tiempo del patrimonio cultural de cada país. El paso del tiempo, las inclemencias del tiempo, las guerras o el desgaste por el contacto humano son algunos de los causantes del deterioro de gran parte del patrimonio histórico cultural de un país. Es menester la supervivencia y superación del tiempo para estos objetos de valor incalculable. 

Para la conservación-restauración se requiere un conservador-restaurador, un técnico que reúna los conocimientos tanto de:

  • la parte manual
  • del valor histórico y cultural de la obra 
  • del paso del tiempo por la misma.
  • materiales 

Debe ser un profesional del patrimonio. Requiere una formación intelectual y cultural muy amplia. 

El éxito bajo el conocimiento

No solo se trata de habilidades manuales. No estamos ante meros artesanos. Los procedimientos a seguir a la hora de abordar un proyecto no se realizan de forma aislada e intuitiva. Si fuera así, no se podría dar respuestas a todas las demandas que plantea el proceso de conocimiento del bien y su posterior tratamiento. Son necesarios conocimientos ,también,  científico-técnicos.

Necesidad de dominar unos conocimientos básicos histórico-artísticos, científicos y de materiales. Y estos conocimientos que, se le presumen al profesional de la restauración, se hacen también necesarios para el artista.

Recordemos que, en la antigüedad, los artistas eran los que ejecutaban y creaban todo lo necesario para realizar la obra. Ellos, en sus talleres, tenían un conocimientos de las materias que les permitía aplicar las técnicas con gran seguridad. Pese a esto,  en todas las épocas ha habido malas decisiones que han ocasionado deterioros, aparentemente, previsibles por la elección de los materiales.

Una incorrecta elección entre el lienzo y los pigmentos puede ocasionar deterioros graves

Un campo regulado

IPCE, Instituto de Patrimonio Cultural de España

En España, el desarrollo de la ciencia en este último siglo ha supuesto la aparición de laboratorios en museos, en institutos de conservación dependientes de autonomías y plazas de titulares en química en facultades de Bellas Artes.

Y es que, en esta especialidad, toda ayuda es necesaria. Conocimientos de química, biología o física entre otras, son necesarias y complementarias a los conocimientos de un restaurador. 

Dos funciones importantes e íntimamente ligadas:

  • la documentación 
  • la investigación.

Ambas permiten ampliar el conocimiento de  los objetos. Ya sea desde sus orígenes o su evolución dentro del centro que los resguarda. Sus vaivenes históricos. 

Acreditar y asegurarse del modo y la forma en la que se han realizado las diferentes restauraciones previas. 

Este planteamiento engloba la necesidad de abordar todo el proceso con una visión capaz de tener en cuenta los estudios de otros especialistas. El profesional debe concebir su trabajo dentro de un amplio marco de investigación y colaboración con otras disciplinas. 

Cuanta más experiencia y conocimientos tenga, más cauto se volverá a la hora de intervenir. Por el contrario, como en cualquier otro ámbito, la ignorancia suele ser temeraria.

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