La herencia cultural que nos dejaron los musulmanes durante los
siglos que permanecieron en el península ibérica es,
afortunadamente, incalculable. Desde un patrimonio cultural digno de admiración por la humanidad, pasando por un legado cultural, científico y léxico increíblemente rico.
En esta ocasión, hablaremos de los baños árabes, los hamman,
todavía visitables en algunas de las ciudades más cumbres de su
estancia en la península, siendo los situados en el Al-andalus los
más destacados.
Los baños árabes, eran el centro neurálgico de la socialización en la época. Servían como punto de encuentro para entablar relaciones, a la vez que cumplían sus funciones más relajantes, terapéuticas y espirituales.

Una costumbre heredada

Analizando de forma breve su historia, se sitúan en la época
Omeya, es decir, entre los siglos VII y VIII. Los primeros fueron
situados en Siria cuando esta se encontraba bajo el dominio de este califato, siendo después su expansión en diferentes zonas,
concretando en la península especialmente en Granada y Córdoba.
Tras la reconquista por los Reyes católicos de Granada, la
culminación de las costumbres musulmanas se encontraba en ese
lugar. Cierto es que, como en la mayor parte de las guerras, se
puede ganar o perder, pero los destrozos y el sufrimiento está
asegurado. Cantidades inimaginables de información fueron
destruidas, dejando a su paso escombros y llamas.

Muchas de las estructuras arquitectónicas emplazadas fueron destruidas, pero otras, consiguieron y consiguen a día de hoy, mantenerse en pie dejando ver el asombroso arte y gusto de la cultura islámica.

En lo referente a los baños, tomamos como referencia las termas
romanas. Digamos que la herencia entre las culturas es algo
inevitable, siempre cada una de ellas, dotándolas de su propia
personalidad y adaptándose a sus costumbres. En este caso,
teniendo en cuenta las distribuciones romanas, las termas se separaban en estancias diferenciadas según la función que
prestaban: desvestirse, tomar baño frío, caliente o cálido.


La forma adaptada a la sociedad islámica, tenía en cuenta dichas
separaciones adaptándose a las pautas citadas en su libro sagrado
en cuanto a los rituales a seguir en cuanto a la oración y en lo
referente a la pureza física y espiritual, realizándose dos baños: uno de cuerpo entero, llamado ghusl y otro consistente en limpieza de cara, manos y pies, llamado wudu.

Atractivo cultural

Teniendo en cuenta que lo que hoy concebimos como
impresionantes construcciones antaño tenían funciones políticas,
sociales o meramente cotidianas, esto no es menos. Esta
importancia social e higiénica que presentaban, pasó a un segundo plano cuando en los hogares se comenzó a tener en cuenta el concepto de “privacidad” en los baños.

Pese a esto, y debido al auge del interés que estos baños árabes despiertan en la actualidad, se ha vuelto al uso de los mismos, resaltando varios aspectos:

  •  La belleza y la herencia dejada por esta cultura que estuvo
    tanto tiempo en la península
  • Valorar la tranquilidad y el contacto con el agua en sus
    distintas temperaturas, todo ello envuelto en un ambiente
    transportador a épocas pasadas
  • Incremento del valor popular a las construcciones antiguas y,
    sobre todo, el fomento del turismo cultural
  • Permite fundirnos en una cultura rica en detalles, permite
    conocer sus gustos y su delicadeza marcada por la
    admiración por la tradición y el contacto con la naturaleza.

Podemos asombrarnos por las características de su arquitectura,
marcadas por la sucesión de arcos. El material utilizado solía ser el ladrillo enfoscado, salvo en las columnas que solía predominar el
mármol u otro tipo de piedra. Por otro lado, es necesario destacar
las bóvedas, las cuales se caracterizaban por la abertura de óculos
para permitir el paso de la luz natural y evitar así, la condensación
por agua. Además, la forma curvada de las bóvedas, permitía que el agua que llegaba a condensarse, no cayera en forma de gota, sino que fuera escurriéndose lentamente.

En cuanto a la decoración, tenemos como referencia los motivos geométricos sencillos, sin excesiva ostentación ya que se buscaba crear un clima de calma, tranquilidad y contacto con la espiritualidad.

No es una estancia simplemente

La evolución de las estancias de nuestros hogares ha ido
evolucionando con el paso de los siglos. Mucho es lo que nos dejan
las culturas que han ido dejando huella en nuestro territorio e infinita es la absorción de culturas extranjeras que poco a poco van
formando parte de la nuestra.
Esto nos demuestra que, siendo una estancia más del hogar, lo es
con todas las letras. Incluso en épocas pasadas, el más mínimo
detalle formaba parte tanto de las partes más visibles como de
aquellas donde se desarrollaban las tareas más cotidianas y
mundanas.

Aprendamos de lo observado, cuidemos todo lo que nos
rodea, creando espacios únicos y enfocados a lo que sintamos que
debe desprender.

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